Diario 16
2000.11.03
Ismael Serrano
Otoño
Lavapiés se deshace con esta lluvia y los bancos de la plaza callan en mil idiomas. Apoyado en un semáforo que palpita, un niño y su mochila descansan y en la parada de taxis, mil coches y ningún taxi.
En esta plaza no navegan submarinos. A Aznar los submarinos le hacen mucha gracia. Más aún los nucleares. A Aznar todo le da risa. Qué suerte tiene.
En esta plaza se oyen los ecos de las explosiones. Coches que estallan acorralando en un amasijo de hierros a gente que iba a por el periódico o que salía a trabajar. Aquí nadie quiere hablar. Por no hablar, Fraga planta al lehendakari y lo deja sin cena. Al representante de los vascos Fraga no lo quiere ver. Qué lástima. En esta plaza no ha estallado ningún coche pero puede ocurrir cualquier día. Nadie está a salvo.
En esta plaza suena desde una ventana U2. Dicen que vuelven a los viejos buenos tiempos. Zapatero no retoma nada y va al mismo peluquero que Blair. Las cosas cambian para que todo siga igual. A algunos no les gusta eso de la tercera vía y sí les gustaría que se retomaran algunas cosas de la izquierda clásica. Demasiadas concesiones al mercado y al capital. Yo personalmente me quedo con el viejo U2.
En Lavapiés un camión se para en medio de la calle a descargar y una larga fila de coches le chilla. Todas las palomas abandonan los tejados en el barrio. Un tipo cruza la calle en patinete mientras en el Bundestag un parlamentario enrolla un billete. Otro le prepara una rayita. La Europa más veloz conduce a toda hostia y enfarlopada.
Toda la plaza te espera. Lavapiés se deshace con la lluvia y yo también espero a que vuelvas del trabajo.