Diario 16
2001.06.24
Ismael Serrano
Arden
Arden las aceras y los corazones. En junio arden las sienes de los que por fin terminaron la Selectividad y sueñan con playas largas y soleadas como tus piernas. Arden en la hoguera los que no consiguieron escapar del corredor de la muerte. Presos con uniformes ardiendo que no tienen cien millones para escapar de su ejecución, para ser recibidos como héroes en sus casas y en los televisores. De madrugada veo en Marte a un hombre que escapó del corredor. Luego pasan las imágenes de una mujer sacándose cuchillas de afeitar por la vagina. Arden los televisores y los teléfonos.
Arde Buenos Aires cansado de esperar, de que sus aeropuertos sean cementerios de elefantes. De presidentes que huyeron con rubias y divisas, que armaron a ejércitos que nunca batallaron. De agotar el crédito de sus tarjetas y de ver Gran Hermano. Arden las guitarras y los algodonales porque ha muerto uno de sus hijos. La voz de John Lee Hooker parpadea a los lejos como la luz de un faro. Cada vez queda menos gente para que nos recuerde lo importante.
Arden carreteras, los estanques de los parques en los que flotan botellas de náufragos que piden auxilio. Arde la Castellana mientras los hombres de Sintel esperan en su poblado que se abra el cielo o se cierren las calles. El delegado de gobierno espera a agosto, a que no quede nadie en Madrid. Los mejores amigos del colegio esperan en Miami cargados de stock options. Arden las aceras y los corazones. La luz de junio en que los termómetros estallan y Bush rompe los acuerdos y los ecosistemas.
Este verano que amenaza con abrazarnos es más caluroso que nunca. Será por eso que me acuesto tan tarde y olvido regar las plantas. Será por eso que te pido que esta mañana no vayas al trabajo, por favor sólo esta mañana, para que descansen en mí tus pies dormidos y blancos.