El País
2008.03.23
Ismael Serrano
Cómics
Recuerdo las mañanas de domingo de la infancia siempre soleadas. Y a mi padre regresando del kiosco de la Avenida de la Albufera cargado con los periódicos del día y con los tebeos. Y la impaciencia al recibirlo junto con mis hermanos esperando las nuevas entregas de Mortadelo y Filemón, del DDT, de Superlópez.
Creo que así aprendí a leer. Descifrando los textos de los bocadillos que colgaban sobre los alopécicos técnicos de investigación aeroterráquea de Ibáñez, o sobre el sir Tim O'theo de Raf, o sobre el Anacleto de Vázquez.
Con el tiempo descubrimos que para mi padre nosotros éramos la coartada perfecta para seguir comprando tebeos.
Con él leímos las aventuras de los deliciosamente chauvinistas Astérix y Obélix, de Tintín y su inseparable capitán Hadock, gran bebedor e inventor de insultos (inolvidable su "Bebe sin sed" dedicado algún cretino).
Mis hermanos y yo crecimos y descubrimos en el último estante los 1984, CIMOC, Trinca de mi padre, época dorada del cómic español cuyo canto del cisne fue el desaparecido Víbora. El jueves es deudor y heredero de todos ellos (de ellos y del Papus).
Pero antes llegarían los superhéroes donde la realidad estereotipada en blanco y negro cambiaría con la llegada de guionistas como Alan Moore y Frank Miller.
La temática de los guiones de superhéroes (DC o Marvel) siempre ha estado influida por la realidad social. Ahora andan embarcados en su particular guerra civil de héroes contra héroes ante la disyuntiva tan actual de libertad o seguridad (con el desenlace fatal de la muerte del Capitán América como símbolo de la decadencia de un país).
Con el tiempo seguí buscando cómics que me ayudaran entender el mundo. He aquí algunos ejemplos:
Watchmen: Con el gran Alan Moore (From hell, V de Vendetta) redibujando la psique de los superhéroes tradicionales. Tan perdidos y desequilibrados como la sociedad que los ha parido.
Batman Dark Knight: De Frank Miller (Sin City, 300). Historias de héroes crepusculares convertidos en antihéroes.
Barrio, Paracuellos: De Carlos Giménez. Retrato de una España en blanco y negro. Ejercicio de memoria histórica indispensable.
Maus: De Art Spiegelman Premio Pulitzer en 1992 .Descarnado retrato del holocausto nazi a partir de la historia real del padre del autor.
Persépolis: La autora Marjane Satrapi nos cuenta la revolución inraní desde su propia experiencia. Imperdible también Pollo con ciruelas, exquisita literatura en viñetas para describir la melancolía de un músico que pierde su instrumento.
Gorazde: Zona protegida, Palestina: en la franja de Gaza: De Joe Saco. Comic periodístico en el autor narra sus vivencias en zonas de conflicto.
Pyongyang: Del quebequés Guy Delisle. La disparatada y deshumanizada realidad cotidiana de Corea del Norte vista por un dibujante con gran sentido del humor.
Pero siempre queda un hueco para revisitar a los viejos Mortadelo y Filemón, o para embarcarme en un viaje con Corto Maltés y de nuevo las mañanas de domingo son soleadas.