50 años de mayo del 68. 25 de “Papá, cuéntame otra vez”.

DANI MATEO

Cuando descubrí “Papá cuéntame otra vez”…

Cuando descubrí “Papá cuéntame otra vez” tenía 18 años y la vida era una fiesta. Creía que todas las canciones hablaban de mí y que ese papá era mi papá y ese Saint-Denis mi Saint-Denis y yo era Ismael Serrano y sabía tocar la guitarra. A los 18 años era el centro del universo y todo lo que escuchaba, veía y leía era una extensión de mí. Porque, a parte de mí, pocas cosas más importaban.

Así es la adolescencia de la mayoría, supongo, pero hubo una vez en que los jóvenes de 18 años hicieron algo extraordinario. Dejaron de ser “yo” para ser “nosotros”. Se unieron. Quisieron cambiar el mundo y se pusieron a ello. Y lo hicieron de una forma tan bonita y tan estética que aún seguimos enmarcando sus fotos con el puño en alto, besándose por las calles, tocando la guitarra y corriendo frente a policías a caballo. Fue una explosión de romanticismo en una época en que la realidad mostraba su cara más amarga y gris. Y fracasaron. Como las cosas más hermosas, fueron breves y elegantes.

Y como ocurrió con otro célebre derrotado al que clavaron en la cruz o aquel otro al que mataron en Bolivia, su derrota nos recuerda que la victoria no es ganar, sino seguir soñando. Que aunque el mundo te ponga de rodillas hay que intentar levantarse y darle un empujón por la espalda. Molestar un poco al gigante. Porque frente al pragmatismo de lo necesario y a la tiranía de los datos económicos debemos enarbolar la bandera de lo imposible y lo humano. Recordarle al sistema que las cosas pueden hacerse de otra forma y obligarle a cambiar el paso. Y esa lucha, que tiene pinta de ser eterna, es la que hace que el mundo sea, a ratos, un lugar hermoso y divertido donde tocar la guitarra, aunque ya no tengamos 18 años.

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