50 años de mayo del 68. 25 de “Papá, cuéntame otra vez”.

DANIEL SERRANO

HIJOS (Y NIETOS) DEL 68

Persiste (40 años después) una arqueología iconográfica de carteles, lemas y fotografías que el tiempo confunde con los fantasmas de Gettysburg. Ya nada es lo que era. Los hijos y nietos del 68 libran sus propias batallas y sufren sus inmisericordes derrotas. Banderas de nuestros padres (o abuelos) fueron aquellas que ondearon en la Sorbona de París pero también las de la Santa Transición cuando Dolores bajó del avión que traía de Moscú a una Mater Dolorosa que sacrificó en Stalingrado a su hijo Rubén. ¿Qué es lo queda de todo aquello? La eterna aspiración a un mundo mejor. Las barricadas de una disidencia dormida que, tarde o temprano, regresará. Cantábamos Papá, cuéntame otra vez pretendiéndonos mejores y todavía estamos construyendo algo parecido a un futuro. No cedamos ante la tentación de claudicar. Queda la música, escribió el maestro Luis Eduardo Aute y ello es efectivamente así. Suenan versos todavía y bajo los adoquines está la playa. Hay una revolución de mujeres en marcha, el precariado aguarda su turno para cambiar las cosas y Dani el Rojo ha engordado pero (si miramos atrás) sigue vigente su irreverencia heterodoxa de honda raíz libertaria. Ya no mueren en Bosnia los que morían en Vietnam aunque los cadáveres sirios tienen el mismo aspecto triste. 1968 está muy lejos y, sin embargo, tan cerca. Recuperar la alegría de aquella rebelión tendría que motivarnos. Adiós, tristeza. Corren (tal vez) malos tiempos para la lírica y yo hago demasiadas citas cada vez que escribo pero al escuchar Papá, cuéntame otra vez en todo concierto noto la vibración colectiva de quienes no se resignan y continúan soñando. De eso se trata. Sigamos cantando. Seamos realistas, pidamos lo imposible.

Post Scriptum:
Y una vez escrito todo lo anterior me encuentro a mi viejo y sus camaradas con el sombrero de insurrectos, recién venidos de gritar a los leones del Congreso, clamando por sus pensiones y las nuestras, habiendo hecho el 68, la Santa Transición y ahora desbrozando el camino de la indignación (otra vez) en nombre de todos los que pagaron la crisis y no les han devuelto lo que les quitaron. Mamá y papá, después de contarnos el cuento, vuelven a las calles. Démosles las gracias.

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