Ismael Serrano, en tiempos efervescentes

Ismael Serrano, en tiempos efervescentes

El cantautor, que ha debutado como escritor, lleva ‘La llamada’ a la sala BARTS este fin de semana

Ismael Serrano, malabarista de la palabra (no solo cantada), se encuentra despidiendo la gira de ‘La llamada’. Un ‘tour’ en el que la escenografía adquiere una mágica relevancia y que recalará los días sábado 26 y domingo 27 en la sala BARTS. Guitarra en ristre, Ismael canta bajo la lluvia, crea un firmamento de estrellas, se convierte en domador de dragones… El cantautor madrileño, que en el 2017 festejará sus 20 años de andandura musical, debutó como escritor con el poemario ‘Ahora que la vida’ y está a punto de sumergirse también a la literatura infantil (de hecho, prepara incluso un musical). En esta minientrevista lo explica todo. Y, cómo no, se moja en temas políticos.

 

-¿Cómo vives este fin de gira de ‘La llamada’?

Han sido dos años intensos y emocionantes. ‘La llamada’ tiene una doble vocación: la de convocatoria y la de celebración. Y ambos espíritus han estado presentes durante todo el recorrido. La gente pudo participar en la grabación del disco, en los videoclips, eligiendo canciones para versionar, cantando conmigo sobre el escenario. Son tiempos difíciles y efervescentes y, aunque a veces a uno le toque retratar una realidad difícil en las canciones, siempre hay un empeño por abrir ventanas a la esperanza. La música es tremendamente eficaz en los momentos de adversidad: nos hace sentirnos acompañados y nos ayuda a recuperar nuestra consciencia en lo que respecta a nuestra capacidad para influir en nuestro futuro. En los cerca de 200 conciertos que hemos realizado tanto en España como en Latinoamérica, hemos sentido que la llamada era atendida. Estoy sumamente agradecido de poder seguir dedicándome a este oficio después de 20 años de carrera.

-¿Cómo ves la situación política actual, a raíz de los resultados electorales (en España y Estados Unidos)?

Preocupante. Si bien es cierto que en España el cambio de paradigma político, con el surgimiento de nuevos liderazgos, nuevos movimientos ciudadanos y con el protagonismo asumido por una gran parte de los jóvenes que hasta ahora le daban la espalda al debate de las ideas, puede servir de cortafuegos ante el avance de propuestas ultraderechistas y autoritarias, vivimos en un momento crucial. La política profesional debe dar respuestas eficaces ante el desamparo que siente gran parte de la ciudadanía. El hartazgo hacia la clase política puede contagiarse y convertirse en desafecto hacia la propia institución democrática: si la gente siente que con su voto no cambia nada dejará de creer en la democracia como garante de sus derechos.

 

-Y la desigualdad crece…

Crece ante la impasividad de ciertos sectores de la política, el déficit democrático aumenta y luego hay quien se pregunta de manera hipócrita a qué viene tanta ira por parte de una ciudadanía que se siente permanentemente olvidada.

 

-¿Hay espacio para la esperanza?

Por suerte creo en la sociedad civil y en su capacidad para generar mecanismos de control que pongan freno a los excesos del neofascismo emergente, a este y al otro lado del océano.

-Tu militancia política te ha propiciado enemistades y rifirrafes, como el que protagonizaste este verano con el vicesecretario de Comunicación de PP, Pablo Casado. ¿Qué sabor de boca te dejan episodios como este?

Entiendo que mis opiniones políticas no tienen por qué gustar a todo el mundo. Quizá mi música no está dirigida a todo el mundo, a diferencia de sus propuestas políticas que, se supone, están dirigidas a todos y debieran buscar el bienestar de la mayoría, incluso de los que no les votan.

 

-¿Cómo surgió el desencuentro?

Surgió precisamente de mi condena a ciertas posturas sectarias: las afirmaciones de ciertos políticos sobre los familiares que buscan a sus desaparecidos, enterrados muchos en fosas comunes, me parecían insultantes e innecesarias. Se trata de algo tan elemental como el cumplimiento de los derechos humanos.

 

-¿Cuáles son tus próximos proyectos?

Termino la gira en diciembre y empiezo a pensar en el futuro disco. En el 2017 se cumplen 20 años desde la salida de mi primer álbum, ‘Atrapados en azul‘, y me gustaría celebrarlo de manera especial, repasando mi discografía, haciendo versiones, convocando a amigos, preparando algún directo especial, siguiendo la estela de esta última gira en la que apostamos por una puesta en escena muy teatral, en la que lo visual tiene un gran peso. Sigo dándole vueltas a este proyecto. Por otro lado en unos días se edita mi primer cuento infantilLa niña que hablaba con los árboles‘ con ilustraciones de Mar Blanco, con la que ya había colaborado en el arte de algunos de mis discos. También estoy escribiendo un musical infantil, de pequeño formato, que espero vea la luz la primavera que viene.

 

-Háblame también de tu primer poemario: en dos meses lograste vender más de 12.000 ejemplares de ‘Ahora que la vida‘.

No sé si fue la crisis de los 40, pero lo cierto es que sentía la necesidad de recopilar todos los poemas que estaban perdidos, repartidos por las redes sociales, por viejos cuadernos y en el ordenador. Cuando uno escribe poemas no está tan sujeto a la rigidez de las estructuras musicales de una canción. Aunque muchas de mis canciones nacen de esos poemas, el diálogo con uno mismo que surge ante la composición de un poema es otro, tiene otra carga de profundidad. Soy consciente de la osadía que supone editar versos sin el amparo de la armonía y la melodía, pero me he dejado llevar por la ilusión.

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