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1. Todo empieza y todo acaba en ti

Letra: Ismael Serrano
Música: Ismael Serrano

No voy a pedir perdón
por descubrir en ti la luz de mis latidos.
No he de pedir permiso
para adorar tu rostro dulce y ferozmente.
La gente nada sabe del amor
si no se reconoce en nuestros pasos.
Y al lado de la cama –más bien al pie–
espero a que esta aurora te despierte.
Que no espere mis disculpas, corazón.
Todo empieza y todo acaba en ti.

Y no te asustes, mi amor,
si mi voz suena algo seria y definitiva.
La vida es una y una es la respuesta.
Mi piel se quema sin tu suave sombra.
Te nombran las ciudades que pisé
y en cada esquina encuentro tu acertijo.
Si vivo fue porque siempre esperé
para entregarte mi pecho desnudo.
El futuro me ha nombrado con tu voz.
En ti todo encuentra una razón.

Todo comienza en ti:
el resto de mi vida y la razón
de abrir cada ventana, la canción
que resuelve mis dudas,
mi delirio y mi cura.
Y todo acaba en ti,
los besos, cada fiesta y la raíz
que bebe mis dolores, mi febril
costumbre de buscarte, mis días y este hambre de ti.
De ti. De ti. De ti.

No voy a pedir perdón
por entregarme en cuerpo y alma a tus pecados.
Cansado de los subterfugios,
me sumo a tu motín sin ataduras.
Que envidien mi locura, corazón,
tú eres mi hogar y afuera me muero de frío.
Elijo regalarte mi canción
porque apareces en todos mis planes.
Me alumbraste y renacido creo en mí.
Todo en tu figura halla su fin.

Todo comienza en ti,
el resto de mi vida y la razón
de abrir cada ventana, la canción
que resuelve mis dudas,
mi delirio y mi cura.
Y todo acaba en ti,
los besos, cada fiesta, la raíz
que bebe mis dolores, mi febril
costumbre de buscarte, mis días y este hambre de ti.
De ti. De ti. De ti. De ti. De ti. De ti. De ti. De ti.

2. Por fin te encontré

Letra: Ismael Serrano
Música: Ismael Serrano

Por fin te encontré
como un candil brillando entre la nada.
Yo era Robinson
y descubrí tus huellas en la playa.
Tanto te esperé…
Yo, Adán expulsado del paraíso.
Tú, Eva maldiciendo la manzana.
Allá donde tú viajas va mi edén.
Por fin te encontré.

Te encontré por fin,
vagando por las dunas del pasado.
Y sacié mi sed,
bebí del breve hueco de tus manos.
Tanto te esperé..
La mirada de un niño tú me diste,
la luz de un verano que había olvidado,
el temblor que trae la primera vez.
Por fin te encontré.

Ven aquí, no digas nada.
No hace falta, que la noche ya
aprendió de tus silencios
y a descifrar nuestros cuerpos.
Derrumbemos las cautelas.
Compañera estoy perdido y ya
para tener miedo es tarde.
Bendito azar es encontrarte

Yo no te busqué
y apareciste abriendo una ventana
como un vendaval
que trajo perfume a tierra mojada.
Tanto te esperé…
Yo, Adán expulsado del paraíso.
Tú, Eva maldiciendo la manzana.
Allá donde tú viajas va mi edén.
Por fin te encontré.

Ahora has de saber
que me hundo en tu mirada inabarcable,
que esta aurora trae
certezas para espantar soledades.
Tanto, tanto te esperé…
Y puede que el planeta se derrumbe
que la lumbre del mundo un día se apague
que el tiempo arruge el alma y nuestra piel,
pero yo por fin te encontré.

Ven aquí, no digas nada.
No hace falta, que la noche ya
aprendió de tus silencios
y a descifrar nuestros cuerpos.
Derrumbemos las cautelas.
Compañera estoy perdido y ya
para tener miedo es tarde.
Bendito azar es encontrarte.

Por fin te encontré,
como un candil brillando entre la nada.
Yo era Robinsón
y descubrí tus huellas en la playa.

3. Despierta

Letra: Ismael Serrano
Música: Ismael Serrano

Sin querer, llegará abril pero oscuro y sin claveles
y tú mirarás los días como quien mira la nieve
caer sobre la ciudad, alunada y siempre hambrienta
y la crisis va llenando de dormidos las cunetas.
Y tú hibernando, ausente, exhausto y sin latido,
vencido por el miedo y la luz de los mercados,
cansado ya, quizá de estar perdido. Perdido.

Cuando el trabajo te escupa cual carozo de cereza
rodarás pendiente abajo. No quedará quien proteja
a la virgen del dragón. Cuando suenen las alarmas
la marea habrá subido acorralándote en la cama.
Despertarás entonces, desarmado y cautivo.
Y como quien regresa a la casa en que fue niño
todo parecerá más pequeño, más oscuro:
el horizonte, la llama y el futuro.
Y entonces dime qué harás.

Despierta,
ya verás, que te están esperando,
paciendo en el portal una reata de pegasos
para cruzar el cielo tras la estrella del vencido
y hacerse las preguntas que exigen estar aún vivo.

Despierta,
has de pintar nuevas constelaciones
para que navegantes extraviados en la noche
encuentren el camino que les acerca al mañana
en el que Prometeo burla al dios y trae la llama.

Que el destino no parió la miseria en la que duermes,
nació de las voluntades de mil hombres y mujeres,
que nada está escrito para siempre.
Despierta.

El invierno llegará, arañándote la espalda,
mirarás el telediario como quien lee un telegrama
que trae pésames y flores. Mientras mascas los silencios
te robarán la memoria nigromantes y usureros.
Aquellos que ahora bailan celebrando la hoguera,
en que arde tu futuro, herido de hipotecas,
de dulce mansedumbre, narcótica ceguera,
herido y desangrado, el futuro aún espera.

Despierta,
ya verás, que te están esperando,
paciendo en el portal una reata de pegasos
para cruzar el cielo tras la estrella del vencido
y hacerse las preguntas que exigen estar aún vivo.

Despierta,
has de pintar nuevas constelaciones
para que navegantes extraviados en la noche
encuentren el camino que les acerca al mañana
en el que Prometeo burla al dios y trae la llama.

Que el destino no parió la miseria en la que duermes,
nació de las voluntades de mil hombres y mujeres,
que nada está escrito para siempre.
Despierta. Despierta. Despierta. Despierta.

4. Mañana porteña en Madrid

Letra: Rodolfo Serrano
Música: Ismael Serrano

Todos los días lo encontraba
en el mismo autobús, el mismo viaje.
Le oía platicar y nos hablaba
de las calles de Boedo en Buenos Aires.

Tardes de truco y los amigos,
los pibes, la vieja y esas noches
de diciembre en el portal de cada casa.
Y era todo tan suave como un roce.

Su soliloquio oíamos, entre paradas,
y Argentina, despacito, se colaba
en la mañana fría y los viajeros
sonreían escuchando sus palabras.

Nos hablaba del temor y la miseria,
de la crisis que ennegrece estos días
y recordaba antes de que todo estallara:
él tuvo planes, futuro, toda una vida.

Y el autobús callaba y de repente
habitábamos todos un colectivo
recorriendo, cansado, Buenos Aires,
por las calles de un Madrid lleno de frío.

Ahora, decía, estaba bárbaro:
tenía un buen laburo y ya su jefe
le había prometido que muy pronto
le arreglaría todos los papeles.

Y muy pronto los pibes y la vieja
se vendrían acá. Todo se arregla.
“Cuestión de confianza”, nos decía.
El futuro ha de venir en primavera.

Y me parece oír un dulce tango,
y no sé si eres vos o si sos tú,
entre el yira o tal vez la última curda,
tenés el corazón mirando al sur.

Cada mañana nos toca leer
nuevas leyes contra el viajero que llega.
Entonces pienso en él. Ruego a los dioses
que guarden su camino y lo protejan.

No lo hemos vuelto a ver. Hará
tres meses desde el tiempo en que decía
que se sentía tan bien acá en España…
igual que si estuviera en su Argentina.

5. Te odio

Letra: Ismael Serrano
Música: Ismael Serrano

Te odio.
Odio las canciones de amor
que traen tu recuerdo a mi casa.
Las ganas de verte.
Y odio
el cielo en tu rostro y las dudas
de echarte al olvido o llamarte
para contarte,
qué sé yo,
que sigo existiendo,
que te odio por fin,
que no sé
si el mundo resiste sin ti.
Tanto, tanto, tanto, tanto te odio.

Te odio.
Odio la mañana, el café
sin planes, sin ti y en ayunas
perdura tu aroma y lo odio.
Envuelto en papel de colores
te envío bengalas, rencores.
Quizá recuerdes así
que te odio. También tu sonrisa
y la brisa arañando tu piel,
y mi corazón ya de paso.
Tanto, tanto, tanto, tanto lo odio.

Este viejo odio
que hiela los jazmines
ama tu figura aborrecible.
Y así, si te marchas,
quedan los rencores
para recordarme las razones
de por qué me eres imprescindible,
de por qué te extraño aunque me olvides.

Te odio.
Odio tu belleza y a mí
me odio al saberme tan lejos
del viejo camino andado
rastreando hadas y cometas,
la estrella prendida en tu pelo.
Maldito lucero. Lo odio.
Odio odiarte tanto,
saber que te encuentras perdida
y la vida me impide encontrarte.
Tanto, tanto, tanto, tanto te odio.

Yo odio
perseguir tu rastro,
cansado en este laberinto.
Cual hilo de Ariadna, tus huellas
me llevan hasta el dulce tiempo
de besos, promesas. Lo odio.
Soy tan feliz
a tu lado que odio
que ya no estés cerca
y empieza a cansarme este odio.
Quizá si tuviera tus manos
Pero te odio tanto, tanto, tanto, tanto.

Este viejo odio
que hiela los jazmines
ama tu figura aborrecible.
Y así, si te marchas,
quedan los rencores
para recordarme las razones
de por qué me eres imprescindible,
de por qué te extraño aunque me olvides.

6. Mientras tú llegas

Letra: Ismael Serrano
Música: Ismael Serrano

Cansado el mundo pide que lo salve.
Mi frente arde y yo espero a que tú vengas.
Blancas azucenas crecen en mi pecho
y hasta ti arrastra su aroma este viento.
Hoy nace un niño y el otoño me sonríe.
Tú me lo pides y yo dejo de fumar.
Y la ciudad febril tirita ante este encuentro.
Todo conduce a ti, mientras tanto espero.
Y yo que no creía en el destino.

Mientras tú llegas las horas pasan
clavando en mí sus agujas
y en la penumbra me despierto
buscándote a tientas.
Mece mi cuerpo como a un árbol la tormenta
y en su corteza tallo tu nombre.
Mientras tú llegas, espera un hombre
inquieto, escribe en el cielo
blancos recuerdos del futuro
y mil aves vuelan
para llevarte una radiante azucena,
promesa de un tiempo mejor.
Promesa de un tiempo mejor.
Promesa de un tiempo mejor.

Ya no sé que inventar
para llenar las horas.
Todas las cosas se empeñan
en hablarme de ti.
Y, así, te escribo, me hago un té, me duermo.
Salgo de casa, me digo que estoy bien, me miento.
Feliz, sonrío y la tormenta se despide
y en mi sonríen todos los hombres del mundo.
En ti descubro siempre todos los misterios,
la calma que atenúa este implacable vértigo.
Y todo se ha de salvar si apareces tú.

Mientras tú llegas las horas pasan
clavando en mí sus agujas
y en la penumbra me despierto
buscándote a tientas.
Mece a este tiempo como a un árbol la tormenta
y en su corteza tallo tu nombre.
Mientras tú llegas un hombre espera
y resuelto hace su nido
y en el principio fue tu verbo,
amarte así, con la urgencia
de quien teme que llegue su fin.
Sin ti sólo queda esperar.
Mientras tú llegas, esperar.
Sin ti sólo queda esperar.
Mientras tú llegas, esperar.

7. Luces errantes

Letra: Ismael Serrano
Música: Ismael Serrano

Un muchacho vuela una cometa
sobre una ciudad acorralada.
Sobre el muro su figura juega
a pintar cien mil palomas blancas.
Agarra el cordel con esa fuerza
de quien ha perdido casi todo.
No deja escapar a su cometa.
Desde lo alto se verá
su casa, el olivar,
su ayer y su ojalá.

Un hombre vigila la cometa
levantando su mirada al cielo.
El futuro es sólo una promesa
y el hogar tan sólo es un recuerdo.
Lejos de su casa un hombre espera
manos que lo salven del silencio.
Flores de papel el aire lleva
y bajo los escombros
tirita aquella estrella
que marca su retorno.

Luces errantes
en tierra extraña,
sombras del pasado.
Memoria incómoda y frágil,
nuestro legado.
Mírame: existo,
sueño y respiro,
aunque algo cansado.
Llevaré hasta tu casa
ramas de olivo en mis manos.
Futuro aplazado,
duro camino del refugiado.
Luces errantes
en tierra extraña,
sombras del pasado.

Aves de papel hoy sobrevuelan
la playa que fue sangre y espina.
La brisa empuja a mil cometas
como quien sopla sobre una herida.
Agarra el cordel con esa fuerza
de quien ha perdido casi todo.
No deja escapar a su cometa.
Desde lo alto se verá
su casa, el olivar,
su ayer y su ojalá.

Nada saben de olvido y fronteras
el viento que enreda tu cabello
y entre nubes mece a las cometas
que pintan de colores el cielo.
Como un ave que siempre regresa
al lugar en que nacen los sueños,
vuela en lo alto mi dulce cometa.
Y se abrirán mañana
el corazón, la senda
que lleva hasta tu casa.

Luces errantes
en tierra extraña,
sombras del pasado.
Memoria incómoda y frágil,
nuestro legado.
Mírame: existo,
sueño y respiro,
aunque algo cansado.
Llevaré hasta tu casa
ramas de olivo en mis manos.
Futuro aplazado,
duro camino del refugiado.
Memoria incómoda y frágil,
camino a tu lado.
Llevaré hasta tu casa
ramas de olivo en mis manos.
Futuro aplazado,
duro camino del refugiado.
Luces errantes
en tierra extraña,
sombras del pasado.

8. Yo era un tipo solitario

Letra: Rodolfo Serrano
Música: Ismael Serrano

Yo era un tipo más bien solitario
acostumbrado a caminar con prisas,
mirándome tan sólo los zapatos,
sorteando trampas que la vida
viste de amor a nuestro paso.

Tardé en echar en falta a los vecinos.
Al fin y al cabo hablábamos tan poco…
Eran extraños. Además el sonido,
saludos, gritos de socorro,
no se propagan en el vacío.

Y así los días deshabitaron todos los sueños
y poco a poco todas las canciones de amor.
Donde hubo estrellas, colgando azules del firmamento,
quedaron huecos, recuerdos de un futuro mejor.
Cómo no te escuché, cómo no reparé en tanta ausencia.
Cómo pude olvidar que tu presencia da
lo que al cerezo trae la primavera.

Se despoblaron calles y avenidas.
Yo lo achacaba al miedo y a sus cadenas.
Imaginaba a la multitud cautiva
temblando en torno a sus hogueras
mientras afuera amanecía.

Desaparecía gente en mi trabajo.
Pensé en otro recorte de plantilla.
Que llueva afuera mientras yo esté a salvo.
Como un responso me leía cada mañana los diarios.

Y así los días deshabitaron todos los sueños
y poco a poco todas las canciones de amor.
Donde hubo risas, estruendo de aves cerca del puerto,
quedó el silencio, recuerdos de un futuro mejor.
Cómo no te escuché, cómo no reparé en tanta ausencia.
Cómo puedo olvidar que tu presencia da
lo que al cerezo trae la primavera.

Caí en la cuenta un día yendo al trabajo:
en la calle no se veía ni un alma.
Estaba solo. Seguí caminando
y no le di mucha importancia.
Yo era más bien solitario.

9. Semana

Letra: Rodolfo Serrano
Música: Ismael Serrano

Te recuerdo los lunes y los martes,
y te he de confesar que todavía
me llega como el roce de tus dedos
tu mirada de aire y de agua fría.

Te recuerdo los miércoles y jueves;
esa piel donde todo estaba escrito,
los versos de Neruda y los papeles
de amor que te dejaba entre los libros.

Te recuerdo los viernes y los sábados,
tu pelo con olor a madreselva,
tu pecho como un pájaro asustado.

Los domingos me acuesto entre tus manos.
Beso despacio el sueño. Callo y bebo,
sorbo a trago, mi nombre de tus labios.

10. Hija de Lilith

Letra: Ismael Serrano
Música: Ismael Serrano

No te trajo a este mundo
la costilla de un hombre.
No dio vida a tu barro
el aliento de dioses.
Tú has nacido del vientre
de una mujer despierta
que navega en el tiempo
dando a luz primaveras.

La manzana mordiste.
No me diste a probar.
Abriendo tu camino
cual torrente ancestral.
No eres ángel celeste
sumiso o redentor
ni el diablo que arrastra
al fuego al pecador.

No vas a llorar conmigo,
ni elevarte a las alturas,
no soy tu media naranja,
eres fruta entera y madura,
eres la duda que quema,
olor a tierra mojada
tras la lluvia que trajo el verano
en el que ardió mi atalaya.
No quieres mi luz ni mi consuelo,
eres la herida encarnada.
Hija de Artemisa y de Lilith,
quizá regreses al alba.

Tú no esperas mi regreso
tejiendo tristes sudarios.
No he de buscar detrás de mí,
pues yo camino a tu lado.
Eres la luna radiante
a la que aúllan los lobos,
la que mecen las mareas,
la que veneran los locos.

No vas a llorar conmigo,
ni elevarte a las alturas,
no soy tu media naranja,
eres fruta entera y madura,
eres la duda que quema,
olor a tierra mojada
tras la lluvia que trajo el verano
en el que ardió mi atalaya.
No quieres mi luz ni mi consuelo,
eres la herida encarnada.
Hija de Artemisa y de Lilith,
quizá regreses al alba.

No vas a llorar conmigo,
no soy tu media naranja,
eres la duda que quema,
quizá regreses al alba.
Hija de Artemisa y de Lilith,
quizá regreses al alba.

11. Habrá que someter a referéndum

Letra: Ismael Serrano
Música: Ismael Serrano

Habrá que someter a referéndum
las cartas de los bancos, la tristeza
que flota entre los restos del naufragio,
las flores de papel y las certezas
que arañan la pizarra del pasado.

Pero este mes viene desmadejado
y todo trae el sabor de un mal tequila,
agriado por la sal que traen los llantos
de las salas de embarque hacia la vida.
Y el mundo estalla en todos los abrazos.

Tiempos difíciles, mi amor,
quieren robar la primavera.
Arde el cielo y mi corazón
acusa ahora esta ronquera
de tanto gritar sin encontrarte.
Y alumbra la noche luz de notarios
que escriben un mañana sin razones,
sin árboles, sin libros , sin canciones
que nos rescaten de todos los fracasos.

Habrá que someter a referéndum
la voz de los cajeros, la tristeza,
la tiranía del tiempo y los espejos,
los cuentos de dragones y princesas,
la resaca, los quince de febrero.

Estallan las alarmas financieras,
suben las almas y el coste de la vida.
También al alza están los crisantemos
de tanto desamor que no cotiza
y yo te busco en todos los inviernos.

Tiempos difíciles, mi amor,
quieren robar la primavera.
Arde el cielo y este corazón
acusa ahora esta ronquera
de tanto gritar mientras contemplo
viejas constelaciones desgastadas
por el zarpazo inútil de deseos
que fueron persiguiendo a otras estrellas
fugaces que salieron a tu encuentro.

12. Te debo una canción

Letra: Ismael Serrano
Música: Ismael Serrano

Te debo una canción
que hable de mujeres con piel de quinoto,
del frío manantial
que lava las arrugas de tu rostro.

De hombres que maldicen
y salvan del incendio tu retrato,
con voz de caracola,
gritan tu nombre en los acantilados.

Te debo una canción
para desalambrar cada mañana,
para quitar la sal
del llanto del color de tu pijama.

Para cuando camines
al borde de la vida cada lunes,
te desate las alas
si el metro no se detiene en tu nube.

Te debo una canción
pero esta madrugada sin ventanas,
la usura del raptor de mi futuro,
el muro gris que cerca tu jardín,
en fin, no me dejan soñar.

Te debo una canción
pero la dulce absenta del olvido,
ladridos de noche y televisados,
el muro helado que cerca tu jardín,
en fin, quizá los telediarios,
no me dejan pensar, ya ves, en melodías.
Pero yo estoy en ello, te juro que no se me olvida.

Te debo una canción
que limpie el rostro sucio de las hadas
que encuentras en la calle
en lámparas de oro encarceladas.

Que hable de los libros
que abandonaste en los bancos del parque,
que cuentan el secreto
que mantuvo despierta a Sherezade.

Te debo una canción
que aplaque la iracunda madrugada
si rapto a tu marido
y en cualquier bar las musas nos atrapan.

Pues, si llegamos tarde,
la noche nos abriga como madre
que cuida a sus retoños
y teme que sus niños se hagan grandes.

Te debo una canción
pero esta madrugada sin ventanas,
la usura del raptor de mi futuro,
el muro gris que cerca tu jardín,
en fin, no me dejan soñar.

Te debo una canción
pero la dulce absenta del olvido,
ladridos de noche y televisados,
el muro helado que cerca tu jardín,
en fin, quizá los telediarios,
no me dejan pensar, ya ves, en melodías.
Pero yo estoy en ello, te juro que no se me olvida.

13. Con una pena de muerte

Letra: Ismael Serrano
Música: Ismael Serrano

Con una pena de muerte
maldigo injustamente a los que antes compartieron
contigo los delirios de la carne.
Y se hace tarde,
y hay quien nos dice que debiéramos mirar
más el reloj.
El amor entre tú y yo
es, a veces,
como el silencio,
y al nombrarlo se rompe.
Noche tras noche
me hago adicto a tus ritmos,
tus sonidos, tus sabores.
Cargados de buenas intenciones
nos empapamos de urbanidad,
vendimiando en las aceras
alguna que otra hermosa amistad.
Y yo vigilo tu sonrisa mientras tomas un té
en un café del centro.
Mar adentro, mientras las sirenas cantan,
hay quien se tapa los oídos,
quien se ata al mástil de proa.
Tú y yo dejamos
que nos seduzcan con su canto.
Nos estrellamos
contra las rocas.

Con una pena de muerte
maldigo injustamente
al tiempo que nos maltrató.
Ahora tú y yo somos otros
y todo es una frágil pavesa,
que regresa al viento
como esta vieja canción.
Como esta vieja canción.
Como esta vieja canción.

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