“La música, pese a las mascarillas, nos hace sentir acompañados”

“La música, pese a las mascarillas, nos hace sentir acompañados”

El artista, que ve algo de “emoción contenida” en los conciertos de la era poscovid, ha preparado un formato intimista para volver a los escenarios con una gira que le trae este sábado a Mota del Cuervo

“La música, pese a las mascarillas, nos hace sentir acompañados”

Del extenso repertorio creado durante dos décadas de carrera, Ismael Serrano (Madrid, 1974) destaca especialmente dos canciones: en una le cantaba al padre, a la generación de sus padres, y en la otra busca un relato para su hija. Entre la archiconocida Papá, cuéntame otra vez y la más reciente Ahora que te encuentro ha transcurrido la trayectoria profesional y personal del artista, que este verano le ha dado una vuelta al formato de sus conciertos para volver a los escenarios de la era poscovid. La gira recala este sábado 8 de agosto, en Mota del Cuervo, donde actuará a las 22:00 horas en la Pista Municipal.

¿Qué han preparado para este concierto?

Están siendo conciertos muy especiales porque las circunstancias son excepcionales. Hay como una celebración del encuentro a través de la música; hay ganas por reencontrarnos. Creo que todos estamos tocados anímicamente y esto hace que los conciertos sean muy especiales. Lo que propongo es un concierto guitarreado en una noche de verano, en el que haré un repaso a toda mi trayectoria y cantaré canciones de otros artistas. Y también propongo contar historias, establecer vínculos, buscar complicidad. La música lo que hace es conectarnos, en este caso, con esa cotidianeidad, con esas pequeñas cosas que son las que quizás más hemos echado de menos y que son las protagonistas de las canciones de los cantautores.

¿Cuáles son esos artistas cuyas canciones también tocará?

Me gusta rendir homenaje a gente a la que admiro como Serrat, Silvio y todos con los que he crecido musicalmente.

¿Ha tenido que readaptar mucho el formato para ajustarlo a las circunstanciales actuales?

Estábamos haciendo un concierto muy pensado para los teatros porque era con un formato muy teatral. No estaba yo solo, contaba una historia y me movía mucho. Era casi una suerte de musical. Ocurrían muchas cosas en el escenario. Y lo hemos tenido que transformar porque ahora las circunstancias y los escenarios son otros y también me apetecía cambiar el repertorio y darle otro tono por lo que nos ha tocado vivir. Las circunstancias hacen que uno repiense todo y la selección de canciones es otra. He retomado algunas que hacía mucho tiempo que no cantaba.

¿Cómo está yendo la vuelta a los escensarios? ¿Cómo responde el público?

Hay mucho entusiasmo. Aunque la curva de los rebrotes esté creciendo y tenemos que ser prudentes, lo que sí hay que dejar claro es que las medidas de seguridad en un concierto no las ves en ningún otro lugar. Estamos viendo algunas escenas muy preocupantes del ocio nocturno, aunque claro que no es así en todos los bares. A lo que voy es a que en un concierto las medidas son muy rigurosas. Son al aire libre, no se socializa más que con la gente con la que vas o se socializa pero a través de la música. Está todo muy medido, muy contenido. Hay algo de contención en las emociones en estos conciertos. Se ve una emoción cuando estás cantando y estás buscando al otro. La contención es casi como la que había cuando salías a aplaudir a los sanitarios, cuando no solo salías como homenaje a ellos sino también para buscar la mirada del otro, para reconocerte en el vecino, para saber que estaba a tu lado. Yo creo que hay algo de eso en los conciertos para saber que no estás solo. Para eso sirve la música y ahora esa necesidad de sentirse acompañado es más fuerte y más potente que nunca. La música, a pesar de las mascarillas y de la distancia, nos hace sentir acompañados, sortea todos esos obstáculos para que nos conectemos.

Durante el confinamiento ofreció conciertos en red. ¿Cómo fue la experiencia?

Era emocionante también. A mí no me gusta nada esto de romantizar el confinamiento. Hay gente que dice: ‘Me ha permitido conocerme a mí mismo’ o ‘he compuesto varias canciones’. Yo creo que componer hay que hacerlo en otras circunstancias. Quedó todo congelado y estábamos todos sumidos en la angustia, en la incertidumbre. Cuando escribía canciones, no lo hacía sobre el confinamiento porque el trauma es muy cercano y me costaba verlo con perspectiva. Me gustaba hablar de esa vida que en algún momento retomaríamos. Los conciertos online eran emocionantes porque suponían conectarnos con esa cotidianeidad, con esa normalidad que extrañábamos, con esos viejos hábitos que tenían que ver con el encuentro, con el amor, con salir, con soñar… Y de repente, abríamos, abría yo en mi caso, una ventana al mundo y a través de ella nos veíamos los unos a los otros cantando canciones que tenían que ver con la vida. Una de las cosas que más nos angustiaba era esa sensación de caos y de perder el control. De alguna manera, la música era un bálsamo porque eran sensaciones conocidas que nos daban cierta sensación de control porque nos recordaban a la vida que nos estaba esperando. Eso hacía que fueran muy emocionantes a pesar de la distancia y de no sentir el aplauso.

¿Cómo ha sido entonces el confinamiento a nivel creativo?

Como te digo, para escribir sobre otras cosas. Estamos aún sumidos en esta realidad de incertidumbre, de angustia y de ansiedad. Va a pasar tiempo hasta que podamos analizar con un cierto rigor qué es lo que nos ha pasado y qué secuelas nos ha dejado. En el caso de la gente que ha fallecido, no hemos podido acompañar en la despedida al que se iba pero tampoco consolar a los que se quedaban. Todo eso va a dejar un trauma y va a hacer que reconsideremos muchas cosas. No sé si saldremos mejores o peores pero sí conscientes de que hay que poner en valor lo público. Porque otra de las cosas que ha revelado el confinamiento es la desigualdad. Cuando veía imágenes de, por ejemplo, futbolistas o gente con mucho dinero haciéndose fotos en sus jardines maravillosos, sus piscinas… me alucinaba su falta de pudor mientras otra gente vive hacinada en un piso sin ventanas a la calle y ha estado así durante meses. Eso también nos tiene que hacer pensar.

La música en directo está pasando por una difícil momento. ¿Se está ayudando lo suficiente desde las administraciones?

Aún no lo suficiente. La cultura es en términos generales la última prioridad. La realidad del músico, del trabajador de la cultura está llena de precariedad, de inestabilidad y de incertidumbre. Trabajas una temporada y otra no; unos son autonómos; otros, no. Si a eso le añadimos que en este país hay un cierto desprestigio del trabajador de la cultura… Y no somos conscientes del tejido laboral, de la aportación económica que hace, además de la contribución a nivel social como elemento de cohesión o como bálsamo para sobrellevar el día a día y mantener la cordura. Creo que las administraciones participan un poco de ese desprestigio, no como en otros países, donde hay unión por parte de todos los partidos políticos. Por ejemplo, en Francia, la cultura, la música, son elementos identitarios que se defienden con orgullo, como patrimonio de un país que hace una gran aportación y cuyas ayudas acaban redundando en beneficios económicos y sociales. Lo hace la gente de izquierdas, de derechas; hay un consenso. Aquí hay siempre una disputa. Hasta en las programaciones culturales se miran las afinidades políticas del artista para ver si se le contrata o no. Es absurdo. Tú tienes que hacer una programación pensando en todos tus ciudadanos, te voten o no.

Y las compañías de teatro lo tienen más complicado porque son mucha más gente y no tienen espacios. Aunque si hay algo que rescatar de lo que se está haciendo es que se están habilitando espacios. Es verdad que desde algunas administraciones se está ayudando. Parte de estos conciertos se celebran porque hay ayuntamientos y políticos que se comprometen. Se están habilitando espacios al aire libre que ojalá se conservaran de cara al futuro para hacer conciertos. Grandes festivales de música indie copaban el panorama musical y el apoyo de los ayuntamientos. Hay otra forma de hacer cultura y, sin menosprecio de estos grandes festivales, existe otro tipo de música que también merece atención.

Mirando para atrás, ¿cómo llegó al mundo de la música?

Eso pregunta mi madre… Yo estudiaba Ciencias Físicas en la Complutense pero siempre había tenido vocación musical. En el concierto hablaré de eso, de esas noches de verano en las que nos reuníamos en la casa de mis abuelos con mis tíos y alguien sacaba la guitarra y cantábamos canciones de Serrat, de Silvio… Ahí se prendió mi pasión por la música y, sobre todo, por contar historias, que es lo que más me gusta. Eso siempre me acompañó y siendo adolescente tenía un grupo con unos amigos del barrio. Pero sobre todo fue en la época universitaria cuando empecé a tomármelo más en serio cantando en cafés, en un momento de efervescencia musical. Drexler venía a Madrid, Javier Álvarez sacaba su disco, Pedro Guerra venía de Canarias… En ese contexto estaba yo recorriendo los cafés de mi ciudad con mi guitarra al hombro hasta que surgió la posibilidad de grabar aquel primer disco en 1997 que es el que disparó mi carrera.

«La paternidad te da la vuelta a la cabeza como un calcetín. Me abrió la mente y desde el punto de vista de la composición es sumamente inspirador»¿Cuáles son las canciones más significativas de su carrera?

Hay una canción con la que tengo una deuda ineludible, que es Papá, cuéntame otra vez porque a través de ella mucha gente me ha conocido. Y luego otra más reciente que es Ahora que te encuentro, que escribí para mi hija y que define cuáles son mis inquietudes, mis búsquedas en estos últimos tiempos. La paternidad te da la vuelta a la cabeza como un calcetín. Es una de las cosas más emocionantes que me han pasado en la vida. Me abrió la mente desde el punto de vista de la composición y es sumamente inspirador. Entre ambas canciones ha transcurrido mi vida profesional y personal. Papá, cuéntame otra vez la compuse como un hijo que hace un reproche a su padre y Ahora que te encuentro la escribí como un padre que trata de encontrar un relato para su hija.

Muchas letras suyas son reivindicativas. ¿Concibe la música como compromiso?

Le canto a lo que me emociona. Y resulta que me emocionan las historias de amor y desamor pero la visión de un mundo desigual, también. El cantautor no solo escribe canciones de amor que pretenden ser un ejercicio de escapismo ante la realidad. Muchas veces se le canta al amor como un refugio que te rescata de todo lo demás. Esto es saludable pero siempre y cuando se haga una reflexión, un ejercicio de inmersión en la realidad y le cantes al ‘nosotros’. Se elude últimamente en la música, cantarle al ‘nosotros’, a los anhelos y a las frustraciones colectivas. Y no tiene que ser solo desde el punto de vista político. Por ejemplo, Mediterráneo de Serrat no sé qué recorrido tendría hoy en los medios de comunicación, en las radiofórmulas. Habla del Mediterráneo como lugar de encuentro, como encrucijada del mundo. Un mar con una lectura compartida. Cuando uno habla de esa cotidianeidad compartida a veces se desprende también el compromiso social y tus convicciones porque ves un mundo desigual que crees que tiene que cambiar.

¿Cómo va el próximo disco?

Las canciones ya están escritas y a lo largo de este semestre empezaré a grabar. Estamos con los arreglos y en la producción, metidos ya en estudio para que el disco vea la luz a principios del año que viene.

Puedes leer la entrevista en www.lasnoticiasdecuenca.es