Cantautor. Discípulo de Serrat y Silvio Rodríguez, espejos en los que sigue mirándose, Ismael Serrano regresa a los escenarios, este domingo en Mallorca. «Vengo con la emoción del reencuentro pero también con tensión y ansiedad», confiesa.

– ¿Con qué estado de ánimo llega a Mallorca tras este verano atípico de conciertos?

– Vengo con esa emoción del reencuentro pero también con la ansiedad y esa tensión soterrada con la que vivimos toda nuestra cotidianidad. Los conciertos sirven para acercanos a esa vida que ha quedado congelada en el tiempo y que alguna vez recuperaremos. A mí, y creo que al público también, el escenario, el compartir, me resulta sanador, terapéutico.

– ¿Qué canciones viajan con usted?

– Haré un repaso a todo mi repertorio pero lo que he hecho ha sido recuperar canciones que hacía mucho tiempo que no cantaba. También he incluido versiones de otros artistas a los que admiro que no canto habitualmente. Y sigo contando historias sobre el escenario, porque no solo me gusta cantar, también ser de alguna manera un cuentacuentos y que las historias sirvan para enhebrar las canciones. Uno tiene la fantasía de convertir estos conciertos en noches de verano, en una guitarreada compartida entre amigos, y en la que cantar se convierte también en una forma de dialogar, de compartir un momento íntimo.

– Sospecho que en ese juego que son las versiones entran Serrat y Silvio Rodríguez. ¿Dos espejos en los que continúa mirándose?

– Son las influencias más claras en todas las generaciones de cantautores que han salido después de ellos, en todos los que tocamos la guitarra y tratamos de dar un toque poético a nuestras canciones, de hallar esa poesía que habita en lo cotidiano. Si bajara un extraterrestre a la Tierra y le tuviéramos que explicar cómo ha sido España en los últimos 40 años, lo haríamos poniéndole la discografía de Serrat, con ella entendería perfectamente nuestra idiosincrasia, nuestras subidas y bajadas de ánimos, nuestra forma de entender la política…

Esa capacidad para ser la crónica sentimental del mundo que nos toca vivir es única en Serrat y Silvio. El otorgar a nuestra vida cotidiana una heroicidad, una poesía y una épica que está ahí pero de la que no somos conscientes es algo que está presente en la música de ambos. Me siento en deuda con ellos. Aprendí a tocar la guitarra con las canciones de Silvio. Hay un prejuicio en torno al cantautor, que dice que éste cuida las letras, sus canciones son simples, que descuida de alguna manera la parte musical, y la complejidad armónica de las canciones de Silvio es para estudiarla, es mucho mayor que la mayor parte de las canciones pop. También tienen algo que echo en falta a día de hoy en los compositores, que es esa capacidad para hablar de nosotros, de lo colectivo, de los sueños compartidos, y no solamente desde el punto de vista político.

– Algunos nuevos cantautores aprenden a cantar escuchando a Ismael Serrano. ¿Qué nuevas voces le han conquistado a usted?

– Marwan, Andrés Suárez y Rozalén, que es casi el paradigma de la cantautora, una mujer comprometida, con una sensibilidad poética, y también social, y sobre todo la muestra de que el cantautor tiene vigencia, en tanto en cuanto es capaz de encontrar las plataformas de difusión que realmente merece.

– «Hoy tuve un concierto emocionante», escribió hace unos días en las redes tras actuar en Benavente, Zamora. ¿Qué necesita un concierto para emocionarle?

– Hay conciertos en los que hay unos silencios que denotan atención y que piden una cierta solemnidad y hondura que, de alguna manera, te llegan y te tocan. A mí me emocionan los conciertos en lugares no convencionales. Los cantautores no somos muy de ferias ni de cantar en los pueblos, y en Benavente habilitaron una de sus plazas con un rigor encomiable en lo que respecta a las medidas de seguridad sanitaria. Fue un concierto íntimo que acabo emocionándome en estos tiempos.

– La mascarilla se ha impuesto, también en la música. ¿Necesita ver el rostro de su público cuando actúa o le basta con los ojos?

– Todos necesitamos el rostro del prójimo, como también los abrazos, lo que pasa es que nuestras miradas son expresivas y más en estos tiempos, en los que estamos aprendiendo muchas cosas, entre ellas a leer e interpretar las miradas. Apelamos a la imaginación para intuir la sonrisa de quien nos escucha. Hay que hacer un ejercicio de abstracción y casi heroico para convivir con las mascarillas.

– Durante el confinamiento afirmó que de esta «saldremos todos juntos». ¿Sigue pensando lo mismo?

– Es evidente que la única manera de salir de esta es juntos. El «sálvese quien pueda» no tiene ningún sentido. No nos queda otra que la solidaridad. Pero nos falta perspectiva para evaluar cómo vamos a salir y qué pasará. Yo no he podido escribir sobre la pandemia, me he visto tan golpeado por ella que he sido incapaz.

– ¿Qué opina de los defensores de la conspiración y los negacionistas?

– Me parecen sumamente irresponsables sobre todo cuando tienen una cierta capacidad de influencia y cuestionan la ciencia y las vacunas como salida a todo esto. Entiendo que parte de la sociedad está asustada y la conspiración responde a una necesidad por dar explicaciones a cosas que no controlamos, que son inexplicables, más aun cuando parece que el caos dirige nuestras vidas. Lo que más me jode de todo es la gente que da espacio, como son ciertos programas matinales o de misterio, a teorías absolutamente aberrantes y cuestionadas por la ciencia.