La canción de nuestra vida 2023 >>
Sinfónico 2024
1. SUCEDE QUE A VECES
Sucede que a veces la vida mata y el amor
te echa silicona en los cerrojos de tu casa,
o te abre un expediente de regulación,
y te expulsa del Edén, hacia tierras extrañas.
Sucede que a veces sales de un bar y la luz
quema la piel de este vampiro que te ama,
te llena la frente de fino polvo marrón-sur,
bostezas y te queman agujetas en las alas.
Pero sucede también
que, sin saber cómo ni cuándo,
algo te eriza la piel
y te rescata del naufragio.
Y siempre es viernes, siesta de verano,
verbena en la aldea, guirnaldas en mayo,
tormentas que apagan el televisor.
Teléfonos que arden, me nombra tu voz,
hoy ceno contigo, hoy revolución,
reyes que pierden sus coronas,
verte entre la multitud,
abrazos que incendian la aurora
en las playas del sur.
Sucede que a veces la vida mata y te encuentras
solo y en este corazón no reciclable
se hunden petroleros desahuciados y sospechas
que provocan miopía en lanzadores de puñales.
Sucede que a veces la vida mata y el invierno
saca su revólver, te encañona en las costillas,
te aterran los álbumes de fotos y el espejo,
huele a pino el coche y el mar a gasolina.
Pero sucede también
que, sin saber cómo ni cuándo,
algo te eriza la piel
y te rescata del naufragio.
Y siempre es viernes, siesta de verano,
verbena en la aldea, guirnaldas en mayo,
tormentas que apagan el televisor.
Teléfonos que arden, me nombra tu voz,
hoy ceno contigo, hoy revolución,
reyes que pierden sus coronas,
verte entre la multitud,
abrazos que incendian la aurora
en las playas del sur.
2. ANA
Ana, es tan corta la vida,
y son tantas despedidas
llenas de promesas vanas.
Ana, ¿qué será de nosotros
cuando caigamos y otros
ocupen nuestro lugar?
Ana, ¿dónde será la batalla
próxima en que perdamos
la guerra contra la soledad?
Ana, volverás a escuchar
las piedras que contra tu ventana
lanzó la felicidad.
Lanzó la felicidad.
Ana, es tan corta la vida,
quizás me vuelva mentira
y no te conozca mañana.
Ana, cuando te esconda un abrazo
recuerda entonces el año
en que forjamos la paz.
Ana, quizás me marche y no vuelva,
quizás me muera y no tengas
maldecirme jamás.
Ana, te veo y me declaro culpable
de desear tu presencia
más que desear la paz.
Ana, ¿qué hago yo con mis canciones,
con el manojo de escarcha,
con mis ganas de matar?
Ana, ¿qué hago yo con las montañas
de papeles que he firmado
jurando morir o amar?
Jurando morir o amar.
Ana.
3. LA LLAMADA
Comiendo pipas de girasol,
sentado en un banco del parque,
la tarde alumbra tu aburrimiento.
No era esto lo prometido:
niño perdido, desde el andamio,
todo tu barrio te veneraba.
Y ahora sueñas en la cola del paro,
con un verano con playas de oro que no verás.
Princesa, acuda a caja tres,
de pie y sin pausa más de ocho horas,
diosa precaria a tiempo parcial.
Y no habrá sombra de Grey que ayude
a que el querube que espera en casa
tenga su nana de la cebolla.
Bella mariposa, aún se consuela
con no ser ella la que rebusca en el basural.
Escucha la llamada,
únete al grito de los cansados,
la vida fue un ensayo hasta ahora,
sal a la calle, salta las olas,
brilla en la tarde tu luz de aurora.
Que el miedo cambie de bando,
que el precariado se haga visible,
que no se olviden de tu alegría.
Que la tristeza, si es compartida,
se vuelve rabia que cambia vidas.
Limpiando la mugre de otros,
respira el polvo de ropa ajena,
bebe la pena en el fregadero.
Equilibrista de fin de mes,
a descoser para los muchachos
todos los bajos del pantalón.
Y estas navidades no habrá regalos,
turrón barato y algo de sidra si se da bien.
Lágrimas de hombre en barbecho,
noche de invierno sin radiador
con la pensión que tiene el abuelo.
Numantino sin Numancia,
si los desahucia el banco este lunes
¿quién hará lumbre con tus cimientos?
Y al banco de alimentos vas con corbata,
sobre tu espalda el planeta entero se sostendrá.
Escucha la llamada,
únete al grito de los cansados,
la vida fue un ensayo hasta ahora,
sal a la calle, salta las olas,
brilla en la tarde tu luz de aurora.
Que el miedo cambie de bando,
que el precariado se haga visible,
que no se olviden de tu alegría.
Que la tristeza, si es compartida,
se vuelve rabia que cambia vidas.
4. VEN
Deja que te vea, cómo pasa el tiempo.
Somos el lamento de una vieja herida.
He gastado días persiguiendo el viento,
he perdido el mapa, he dado la vida.
He robado pan de la mesa del rico,
me volví un experto en perder solitarios.
Llega tu recuerdo y me hago el distraído.
Bebo en tu memoria y me estrello en tus labios.
La vida es eterna en cinco minutos,
los que nos tomaba quitarnos la ropa.
Lo que el amor tarda en descubrir mis trucos
o tu despedida en borrarme la boca.
No es verdad que el tiempo nos lo cura todo,
y no está el mañana ni el ayer escrito.
Yo sigo esperando que nieve en agosto.
De mayor yo siempre quise ser un niño.
Y ven, deja que el viento nos lleve,
que nuestras citas esperen,
hoy les toca compartir.
Y ven, no existe el tiempo perdido.
Cada minuto vacío siempre está lleno de ti.
En los andenes, en cada espera,
he dibujado una luna llena.
Y en el vagón fui un lobo herido
soñando el viaje que nunca hicimos.
En los atascos grité tu nombre,
cantando sobrevolé los coches
hacia las playas en que te nombran,
y de tu mano salté las olas.
Deja que te vea, tanto que contarte.
Es que a mí el olvido no se me da bien.
Aún siento la urgencia de aquel estudiante
que en la barricada no aprendió a perder.
Aún no he escrito el himno de esta despedida,
lloro como un tonto con cualquier anuncio.
Pierdo los papeles con una sonrisa,
y en la fiesta ajena aún me marcho el último.
Y ven, deja que el viento nos lleve,
que nuestras citas esperen,
hoy les toca compartir.
Y ven, no existe el tiempo perdido.
Cada minuto vacío siempre está lleno de ti.
Mirando el techo, de madrugada,
febril e insomne fui un cosmonauta,
crucé años luz y en tu galaxia
trepé la hiedra, bebí tu savia.
En cada atasco grité tu nombre.
Las horas muertas en ascensores
fueron para huir hasta tu nube.
El cumpleaños que nunca tuve.
En los andenes, en cada espera,
he dibujado una luna llena.
Y en el vagón fui un lobo herido
soñando el viaje que nunca hicimos.
En los atascos grité tu nombre,
cantando sobrevolé los coches
hacia las playas en que te nombran
y de tu mano salté las olas.
5. SI SE CALLASE EL RUIDO
No te dejará dormir este estrépito infinito
que intenta llenar los días de tinieblas y enemigos.
Una estruendosa jauría se empeña en hacer callar
las preguntas, los matices, el murmullo de ojalás.
Ruido de patriotas que se envuelven en banderas,
confunden la patria con la sordidez de sus cavernas.
Ruido de conversos que, caídos del caballo,
siembran su rencor perseguidos por sus pecados.
Si se callase el ruido
oirías la lluvia caer
limpiando la ciudad de espectros,
te oiría hablar en sueños
y abriría las ventanas.
Si se callase el ruido
quizá podríamos hablar
y soplar sobre las heridas,
quizás entenderías
que nos queda la esperanza.
Ruido de iluminados, gritan desde sus hogueras
que trae el fin del mundo la luz de la diferencia.
Ruido de inquisidores, nos hablan de libertades
agrietando con sus gritos su barniz de tolerantes.
Nunca pisa la batalla tanto ruido de guerreros,
traen de sus almenas la paz de los cementerios.
Háblame de tus abrazos, de nuestro amor imperfecto,
de la luz de tu utopía, que tu voz tape este estruendo.
Si se callase el ruido
oirías la lluvia caer
limpiando la ciudad de espectros,
te oiría hablar en sueños
y abriría las ventanas.
Si se callase el ruido
quizá podríamos hablar
y soplar sobre las heridas,
quizás entenderías
que nos queda la esperanza.
Si se callase el ruido
oirías la lluvia caer
limpiando la ciudad de espectros,
te oiría hablar en sueños
y abriría las ventanas.
Si se callase el ruido
quizá podríamos hablar
y soplar sobre las heridas,
quizás entenderías
que nos queda la esperanza.
Si se callase el ruido
oirías la lluvia caer
limpiando la ciudad de espectros,
te oiría hablar en sueños
y abriría las ventanas.
y abriría las ventanas.
Y soplar sobre las heridas,
quizás entenderías
que nos queda la esperanza.
6. SIN TI A MI LADO
Estoy cansado de hacer el mismo recorrido, el mismo trabajo,
Ver las mismas caras, los mismos paisajes, sin ti a mi lado.
Mi vida, poco a poco, se va llenando de esos días
tristes, grises y opacos, que uno omite en su biografía.
Cansado de ir cada noche a los mismos bares,
buscándote, aunque sé que no estás, que no voy a encontrarte.
Cansado de ir cada noche, lamentando tu ausencia,
directamente a tu altar para hacerte una ofrenda.
Mañana será tarde, si vienes a buscarme,
mira en tu buzón, dejé un mensaje.
No todo está perdido, encuéntrate conmigo:
tú bien conoces el camino.
A esas horas en las que casi todos engañan a sus amantes,
casi siempre encuentro un buen momento para asesinarme.
Y entre muerte y muerte, miro a la ventana,
con la vana esperanza de ver que Madrid se
consume entre llamas.
Tú quizás mientras busques un horario perdido,
o cantes una canción para dormir a un niño.
Tú quizás mientras busques en papeles perdidos,
la letra de una canción que yo te he escrito.
Mañana será tarde, si vienes a buscarme,
mira en tu buzón, dejé un mensaje.
No todo está perdido, encuéntrate conmigo:
tú bien conoces el camino.
Mañana será tarde, si vienes a buscarme,
mira en tu buzón, dejé un mensaje.
No todo está perdido, encuéntrate conmigo:
tú bien conoces el camino.
7. RECUERDO
Me levanto temprano, moribundo.
Perezoso resucito, bienvenido al mundo.
Con noticias asesinas me tomo el desayuno.
Camino del trabajo, en el metro,
aburrido vigilo las caras de los viajeros,
compañeros en la rutina y en los bostezos.
Y en el asiento de enfrente,
un rostro de repente,
claro ilumina el vagón.
Esos gestos traen recuerdos
de otros paisajes, otros tiempos,
en los que una suerte mejor me conoció.
No me atrevo a decir nada, no estoy seguro,
aunque esos ojos, sin duda, son los suyos,
más cargados de nostalgia, quizás más oscuros.
Pero creo que eres tú y estás casi igual,
tan hermosa como entonces, quizás más.
Sigues pareciendo la chica más triste de la ciudad.
Cuánto tiempo ha pasado desde los primeros errores,
del interrogante en tu mirada.
La ciudad gritaba y maldecía nuestros nombres,
jóvenes promesas, no, no teníamos nada.
Dejando en los portales los ecos de tus susurros,
buscando cualquier rincón sin luz.
«Agárrate de mi mano, que tengo miedo del futuro»,
y detrás de cada huida estabas tú, estabas tú.
En las noches vacías en que regreso
solo y malherido, todavía me arrepiento
de haberte arrojado tan lejos de mi cuerpo.
Y ahora que te encuentro, veo que aún arde
la llama que encendiste. Nunca, nunca es tarde
para nacer de nuevo, para amarte.
Debo decirte algo antes de que te bajes
de este sucio vagón y quede muerto,
mirarte a los ojos, y tal vez recordarte,
que antes de rendirnos fuimos eternos.
Me levanto decidido y me acerco a ti,
y algo en mi pecho se tensa, se rompe.
«¿Cómo estás? Cuánto tiempo, ¿te acuerdas de mí?»
Y una sonrisa tímida responde:
«Perdone, pero creo que se ha equivocado».
«Disculpe, señorita, me recuerda tanto
a una mujer que conocí hace ya algunos años».
Más viejo y más cansado vuelvo a mi asiento,
aburrido vigilo las caras de los viajeros,
compañeros en la rutina y en los bostezos.
8. NIEVE
Aquel día fue el más frío del enero más amargo.
Quizá el invierno más largo que el amor ha conocido.
Ella fumando tirita, superviviente de aludes,
él escribiendo en la nube de su boca un todavía.
El sale de algún garito, como perdido en la niebla,
ella busca primaveras mientras fuma un cigarrillo.
Y ahí en mitad de la nada, en la intemperie se encuentran,
queda la calle desierta cuando cruzan la mirada.
Y nieva, sobre mi espalda cansada,
sobre mi casa atrapada en la bola de cristal
que la soledad agita cuando todo se termina,
cuando todo acaba mal.
Y nieva. Nieva y nadie dice nada,
quedan solo las pisadas
de los que salen de escena.
Nieva y solo se sonríen,
se congelan los jazmines,
la escarcha trepa mis piernas y nieva.
Buscando la piel calor, sin querer se han acercado.
Hace frio, alguien ha hablado, conversación de ascensor.
Tiene lo eterno un principio en el big bang más pequeño.
Llena la nieve el silencio. Se asoman al precipicio
del pasado y sus fantasmas mientras la nieve los cubre
y faltan a la costumbre de ser prudentes y charlan,
sin pudor y sin blindajes, y la noche se derrumba,
la nieve no para nunca y se olvidan de los planes.
Y nieva, sobre mi espalda cansada,
sobre mi casa atrapada en la bola de cristal
que la soledad agita cuando todo se termina,
cuando todo acaba mal.
Y nieva. Nieva y nadie dice nada,
quedan solo las pisadas
de los que salen de escena.
Nieva y solo se sonríen,
se congelan los jazmines,
la escarcha trepa mis piernas y nieva.
Llega por fin el abrazo,
ya casi no sienten frio,
quedan los dos ateridos,
los cuerpos entrelazados.
Tienen miedo del futuro.
Ninguno quiere moverse,
los planes siempre se tuercen
y el amor es como humo.
Ya nadie se marchará, ya la nieve los oculta.
Es el miedo quien sepulta bajo la nieve un quizá.
Queda enterrada la vida
y un invierno para siempre.
No hay verano que deshiele
el recuerdo de esta herida.
Y nieva, sobre mi espalda cansada,
sobre mi casa atrapada en la bola de cristal
que la soledad agita cuando todo se termina,
cuando todo acaba mal.
Y nieva. Nieva y nadie dice nada,
solo quedan las pisadas
de los que salen de escena.
Nieva y solo se sonríen,
se congelan los jazmines,
la escarcha trepa mis piernas y nieva.
9. VÉRTIGO
Recibiré postales del extranjero,
tiernas y ajadas, besos, recuerdos.
¿Cómo están todos? Te echo de menos.
Cómo pasa el tiempo…
Seremos otros,
seremos más viejos,
y cuando por fin
me observe en tu espejo,
espero al menos
que me reconozca,
me recuerde al que soy ahora.
Aquellas manos, aquella mujer,
aquel invierno no paraba de llover,
perdona que llegue tan tarde,
espero saber compensarte.
Estás tan bonita,
te invito a un café,
la tarde es nuestra, desnúdame.
Tras el relámpago te decía:
«Siempre recogeré flores en tu vientre».
Otro hombre dormirá contigo
y dará nombre
a todos tus hijos.
Ven, acércate a mí,
deja que te vea,
que otras primaveras
te han de llevar
muy lejos de mí.
Vértigo, que el mundo pare,
qué corto se me hace el viaje.
¿Me escucharás, me buscarás,
cuando me pierda
y no señale el norte
la estrella polar?
Las frías mañanas
en la facultad,
tú casi siempre huías
conmigo al bar,
y me enfadaba si preferías
el aula a mi compañía.
Sobre la mesa botellas vacías,
qué sano es arrancarte
esa risa,
y ahora cambiemos el mundo, amigo,
que tú ya has cambiado el mío.
¿Qué haré cuando te busque en la clase,
y mi eco me responda al llamarte?
Otros vendrán y me dirán
que te marchaste,
que te cansaste
ya de esperar.
Vértigo, que el mundo pare,
qué corto se me hace el viaje.
¿Me escucharás, me buscarás,
cuando me pierda y
no señale el norte
la estrella polar?
Y la ronquera,
los traicioneros nervios,
que me atacan antes
de cada concierto,
viejas canciones,
antiguos versos,
que espero retenga algún eco.
Y en el futuro espero,
compañero, hermanos,
ser un buen tipo,
no traicionaros.
Que el vértigo pase
y que en vuestras ventanas
luzca el sol cada mañana.
Pero basta de lamentos,
brindemos, es el momento,
que estamos todos
y no falta casi nadie,
que hay que apurar
la noche que acaba de empezar.
Vértigo, que el mundo pare,
qué corto se me hace el viaje.
¿Me escucharás, me buscarás,
cuando me pierda
y no señale el norte
la estrella polar?
10. ESTARÉ AHÍ
Tal vez algunos días
el mundo duela un poco
y un manto de cenizas
lo cubra casi todo.
Todo eso pasará,
terminará el invierno
y llenará los cauces
el agua del deshielo.
Vigila tu rencor,
muy poco lo merece.
Hay quien odia las cosas
que teme o que no entiende.
No escuches al profeta
que augura tus fracasos.
Creer no es suficiente,
pero sí necesario.
Yo estaré siempre ahí.
Cuando quieras.
Todo lleva hasta ti:
tus preguntas,
mis repuestas.
No dejes que te engañen,
no todo es competencia.
La suerte es más probable
según sea la herencia.
La vida es tan hermosa
que parece verdad.
Defiende tu alegría,
milita en la amistad.
Yo estaré siempre ahí.
Cuando quieras.
Todo lleva hasta ti
tus preguntas,
mis respuestas.
Tanto por decir…
Trato de encontrar
la palabra justa, la manera
de contarle al mundo tu belleza.
Busca la raíz.
No dejes de amar
para abrir las grandes alamedas.
Hoy la vida es una puerta abierta.
No sé muchas verdades,
tampoco dar consejos,
te ofrezco interrogantes
que no es un mal comienzo.
Tampoco es un mal plan
ir a tu lado siempre
y que, al vernos llegar,
los amigos se alegren.
11. CÁLLATE Y BAILA
Yo, fantasma suburbial,
vagando por las ruinas
de otro recuerdo.
Tú, bailando sin parar,
fingiendo aún estar viva
entre los muertos.
Damnificados los dos
por la alegría
de quien quizá nos amó.
Quién nos lo iba a decir;
de las cenizas
aún nacería una flor.
Yo: ¿cómo tú por aquí?
¡Cuánto tiempo sin verte!
Tomemos algo.
Tú: vine a buscarte a ti.
¡Es broma!, que pareces
algo asustado.
Y, bajo el ruido industrial,
hice repaso
de todo lo que perdí.
Yo y mi costumbre de hablar
de mis fracasos
y mostrar mi cicatriz.
Y tú, parecías sonreír
a pesar de mi triste sumario.
Y el silencio apareció por fin
con mis dedos en tus labios.
Y ven,
no quiero ser el verso
que habita tus canciones
de amor.
Cállate y Baila.
Y hoy,
aparca la tristeza.
Hoy tiene día libre el dolor.
Caiga quien caiga.
Y yo te seguí.
Tú, echabas a volar
acercándote al sol
aunque yo ardiera.
Yo, agnóstico animal,
rogándole a tu dios
que no amanezca.
¿Dónde podemos seguir?,
me preguntaste
cuando cerraron el bar.
Y a mí me dio por decir:
«si te apetece
yo te podría cantar»
Y te hablé del porvenir,
de cómo salvar al universo.
Y tú no parabas de reír,
me callaste con un beso.
Y ven,
no quiero ser el verso
que habita tus canciones de amor.
Cállate y Baila.
Hoy,
tú y yo somos eternos.
Mañana olvidaremos los dos
esta madrugada.
Caiga quien caiga.
Y yo te seguí.
12. AHORA QUE TE ENCUENTRO
Ahora que la vida nos arranca nuestra manta,
y perdido e hipocondríaco, ya no duermo de un tirón.
Ahora que la noche es un rumor de risa ajena
que se aleja por la calle y nos congela el corazón.
Ahora que respiro y resulta más difícil
sacar bajo nuestra piel las astillas del recuerdo.
Ahora que me pierdo las auroras de Madrid
y no suenan en las radios las canciones que te debo.
Ahora que te miras por más tiempo en los espejos,
ahora que necesitamos excusas para emborracharnos.
Ahora que la brisa no enmaraña nuestro pelo,
ahora que ya no marcamos tantos goles con la mano.
Ahora que discuto a gritos con el telediario,
que reconozco en mi enojo las manías de mi padre.
Ahora que en los bares ya no crecen crisantemos,
que regreso de muy lejos y no deshago el equipaje.
Ahora traes la lluvia y, aunque ya no tenga edad,
me desvisto en la tormenta, grito tu nombre en la calle.
Ahora que te encuentro todo se vuelve verdad,
se derrumban los palacios y traes verde a sus solares.
Haces que este otoño ilumine mis mañanas
y haga callar al reloj del vientre del cocodrilo.
Traes un corazón para cada hombre de hojalata.
Ahora cambias mis razones y me vistes de domingo.
Y me vistes de domingo.
Ahora que he aprendido a desaprender las reglas
y que todo temporal nos regala una enseñanza,
y a decir que te amo con 140 letras
o a encerrar en un gin tonic todas nuestras esperanzas.
Ahora que las noches sin tu luz me han enseñado
que toda felicidad deja algún damnificado,
que, en las caracolas, el mar nombra tu recuerdo,
que revuelvo mis cajones para encontrar tu retrato.
Ahora traes la lluvia y, aunque ya no tenga edad,
me desvisto en la tormenta, grito tu nombre en la calle.
Ahora que te encuentro todo se vuelve verdad,
se derrumban los palacios y traes verde a sus solares.
Haces que este otoño ilumine mis mañanas
y haga callar al reloj del vientre del cocodrilo.
Traes un corazón para cada hombre de hojalata.
Ahora cambias mis razones y me vistes de domingo.
Y me vistes de domingo.
13. PAPÁ, CUÉNTAME OTRA VEZ
Papá, cuéntame otra vez ese cuento tan bonito
de gendarmes y fascistas, y estudiantes con flequillo,
y dulce guerrilla urbana en pantalones de campana,
y canciones de los Rolling, y niñas en minifalda.
Papá, cuéntame otra vez todo lo que os divertisteis
estropeando la vejez a oxidados dictadores,
y cómo cantaste Al Vent y ocupasteis la Sorbona
en aquel mayo francés en los días de vino y rosas.
Papá, cuéntame otra vez esa historia tan bonita
de aquel guerrillero loco que mataron en Bolivia,
y cuyo fusil ya nadie se atrevió a tomar de nuevo,
y como desde aquel día todo parece más feo.
Papá, cuéntame otra vez que tras tanta barricada
y tras tanto puño en alto y tanta sangre derramada,
al final de la partida no pudisteis hacer nada,
y bajo los adoquines no había arena de playa.
Fue muy dura la derrota: todo lo que se soñaba
se pudrió en los rincones, se cubrió de telarañas,
y ya nadie canta Al Vent, ya no hay locos ya no hay parias,
pero tiene que llover aún sigue sucia la plaza.
Queda lejos aquel mayo, queda lejos Saint Denis,
que lejos queda Jean Paul Sartre, muy lejos aquel París,
sin embargo, a veces pienso que al final todo dio igual:
las hostias siguen cayendo sobre quien habla de más.
Y siguen los mismos muertos podridos de crueldad.
Ahora mueren en Bosnia los que morían en Vietnam
Ahora mueren en Bosnia los que morían en Vietnam
Ahora mueren en Bosnia los que morían en Vietnam.







